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Novela Mi Vida en Juego de Lluc Oliveras Jovè– Web Oficial www.mividaenjuego.com

* Si quieres información sobre la novela MI VIDA EN JUEGO , escrita por Lluc Oliveras Jovè no dudes en visitar su web oficial : entrevistas, noticias, adelantos de la 2ª y 3ª parte, etc... *

 

 

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¿DE QUE TRATA LA NOVELA MI VIDA EN JUEGO ?

¿ Alguien pondría la mano en el fuego, por dar fé de que los gángsters que acostumbramos a ver en hollywood , también han existido en nuestro país ?.


Pues sí, de eso se trata la novela Mi vida en Juego, de los inicios de un joven gángster barcelonés, que empezó su vida delictiva en los años 70 y 80. Toda una declaración de principios, y un relato directo como el culetazo de un revólver, para entender cómo un joven de familia clase media-adinerada, iba cayendo en el mundo de la delincuencia organizada, y las drogas que empezaban a golpear con fuerza en la sociedad española.
Sin duda, una novela basada en hechos reales, que nos hará ver cómo el mundo de la delincuencia no siempre ha de estar condicionado por la marginalidad, y la influencia del extra-radio.


Acostumbrados a conocer a los ¨ vaquilla¨, ¨torete¨ y demás ¨perros callejeros¨ de turno, seremos testigos privilegiados, de cómo un joven se va dejando llevar por una peligrosa y sugerente espiral, hasta convertirse prácticamente en un profesional de su quehacer diario. Un relato atractivo por su extremos, y que poco tiene que envidiar a los protagonistas que Scorsese o Tarantino , suelen reflejar en sus películas..
Una ciudad, en época de cambio, una sociedad que empezaba a dar sus primeros pasos después de una notable dictadura, un sugerente mundo underground habitado por estafadores, atracadores de bancos, adictos a la heroína, timbas ilegales de juego, asesinatos, vendettas y la clara evolución de un tipo de delincuencia desconocida hasta ese momento.


Pero la novela Mi vida en Juego, no vuelve a incidir en las vicisitudes de un delincuente juvenil, sino en la evolución de un joven hacia el mundo de los atracadores profesionales de bancos y joyerías.
Con la certeza de saber que en este caso la ficción no supera la realidad, la novela Mi vida en Juego parte de varias charlas que Miguel Ángel Soto Martín, uno de los protagonistas del documental ¨Profesionales. Los atracadores más peligrosos de los años 80 ¨(Genco Films/TVC), tuvo con el escritor Lluc Oliveras Jovè, durante varias semanas, para recrear, lo más fielmente posible, una realidad que había quedado oculta hasta hoy. Sin duda, una serie encadenada de circunstancias, que harán del relato, un documento atractivo para los lectores más exigentes.

 

 

Prólogo de Lluc Oliveras Jovè

Recuerdo la primera vez que me crucé con Miguel.
No puedo negar que llegué a mi casa, algo aturdido y con una extraña confusión sobre lo que está bien, y lo que no lo está. Sin duda, no podía entender cómo alguien que había tenido una vida tan circunstancialmente comprometida consigo mismo, con su afán de vivir al límite, y con una notable vida delictiva, podía caerme ¨ tan bien¨.
Sí. Digo ¨tan bien¨, porque aquel mismo día me convenció con cuatro palabras, de que su historia no tenía nada que envidiar a las que estamos acostumbrados a ver en las películas ¨made in USA¨. Pero es que encima, sus argumentos parecían tener toda la lógica del mundo.
¿Timbas ilegales?, ¿Supuesto glamour delictivo?. ¿Armas, coches despampanantes y trajes caros?. Sí, pero al mismo tiempo nuestro amigo era capaz de asumir que todo tiene un precio, y de que inevitablemente siempre se acaba sacrificando algo por el camino.

Pero lo mejor de todo, no residía en las historias deslumbrantes, ni en el aire cinematográfico de su forma de ser, sino en su increíble capacidad para salir bien parado de todas y cada una de las trabas con las que se iba encontrando. A parte de que cuanto más lo escuchaba, más claro tenía que frente a mí, había a una buena persona.
Y sí, digo buena persona, porque pese a lo que pueda parecer, estoy convencido de que lo es.
Es más, después de haber compartido largas jornadas con él, sentados en un pequeño salón y dejando caer la tarde, mientras repasábamos el inicio de su vida y de su carrera delictiva, he comprobado que los prejuicios son un elemento inservible en nuestra forma de actuar. Se trata de una especie de apéndice, que a veces nos molesta, nos da pinchazos y que tarde o temprano es mejor extirparlo, para seguir como si jamás lo hubiéramos tenido.
Y es que gracias a Miguel, uno entiende que pese a que a veces escogemos la vía errónea, y nos empeñamos en complicarnos la existencia, siempre existe la opción de poner el freno de mano, y cambiar de carril.

Supongo que él es una prueba viviente de que todo tiene un límite, y de que las circunstancias pueden hacerle a uno tan fuerte, como frágil. Como dice el mismo Miguel, jugar con su vida fue una continua apuesta en su quehacer diario.

Un hombre que ha conseguido reinsertarse en la sociedad (como se suele identificar a los tipos como él) y que no deja de sorprenderme cada vez que tenemos la ocasión de cruzar una palabra, tiene mucho que decir.
Porque estoy seguro de que la gran mayoría de los de su generación, hubieran dado un brazo a torcer por conseguir lo mismo que él: seguir con vida…

Sin duda, el día que decidí tomar el relevo de sus vivencias, me convertí en una especie de ¨alter ego¨, que comprendió toda una época de cambios y una particular filosofía de vida. No es nada fácil, aceptar todo lo malo que uno hace, y ponerlo en positivo para no volverse a tropezar.
Y supongo que lo mejor de Miguel, es que nos hace abrir los ojos, demostrándonos que un delincuente no tiene por qué ser un hombre marginal. Aunque es probable que su relato nos acerque a una idea tan sugerente como peligrosa de aceptar. ¿O es que nunca nadie se ha planteado en un instante dubitativo, cómo cambiaría su vida si decidiera atracar un banco?.
Por si acaso, y como bien se suele aconsejar, mejor ni intentarlo, porque con toda seguridad nos saldría el tiro por la culata.

Así que sólo me queda desearle lo mejor a Miguel, y a todo aquél que esté dispuesto a leer su historia.
Dicen que a veces, los antihéroes no son tan malos como parecen, y que todo el mundo puede abandonar el barco, antes de que se acabe hundiendo con él.

Prólogo de J.M Mendiluce

 

Este libro que ahora inicias (y que estoy seguro acabarás), constituye un testimonio muy especial y narrado con frescura, sobre las andanzas, aventuras y crímenes cometidos por un personaje llamado Miguel que, a través de la pluma del autor, nos va contando cómo se pasa de la vida acomodada a la no aceptación de los límites en que, casi siempre, se encierra nuestra adolescencia y juventud.

No es Miguel un marginal que acabe excusando sus errores juveniles desde la celda de una prisión. Se trata más bien de alguien al que el gusto por la buena vida y la inconsciencia relativa de su edad, van arrastrando por un camino de difícil retorno en el que se le va cogiendo el gusto a la diversión, al sexo, a las drogas y a la fuerza. Y como todo eso cuesta dinero, pues hay que ir a buscarlo allí donde lo encuentres, aunque en principio no sea tuyo y hagan falta algunas armas para conseguirlo.

Hace años me contaron un chiste bastante malo pero que me hizo reír (me gusta el humor absurdo). Alguien dice: “¡cómo se parecen Luis y Pablo!” y otro responde: “sobre todo Pablo”. Todos conocemos a mucha gente que se parece bastante, unos más que otros, pero que responden a estereotipos más o menos repetidos en nuestra vida cotidiana. Yo he tenido la suerte de conocer a personas muy distintas, que en algún ámbito de sus vidas reflejan una singularidad que los personaliza y hace salir del montón. Miguel es uno de ellos, y bastante particular como persona y biografía.

Sin embargo, como nos cuenta en este libro, nada le distinguía especialmente de cualquier otro crío de su edad en aquellos años de su infancia y en el medio en que crecía. Nada, excepto su visible estatura y su menos visible ambición. Pero al contarnos, no trata de buscar excusas a lo que hizo, sino que explica muy bien por qué lo hizo, sin un atisbo de falsos arrepentimientos vinculados con madres alcohólicas o prostitutas, padres violentos, familias desestructuradas, marginación o miseria. Cuenta los hechos como los recuerda y no los encuadra en explicaciones morales o argumentos justificativos. Simplemente, le gustaba el dinero y según se adentraba en el mundo de las drogas y la vida fácil, pues necesitaba que fuera más fácil y para ello más drogas y por tanto, más dinero.

En el fondo, y una vez asumido que el respeto a la ley no era una de sus manías o costumbres favoritas, todo va sucediendo con gran naturalidad, en una escalada de locuras que le permiten darse la gran vida hasta que llega lo que suele llegar tarde o temprano. Me gusta que, a diferencia de otros muchos testimonios de este tipo, que acaban en un arrepentimiento más o menos sincero o conveniente, en el caso de Miguel (por lo menos hasta el final de la historia que nos cuenta) no trata de modificar sus sentimientos para hacerlos más correctos o moralizantes: cada lector puede sacar sus conclusiones sin falsos guías espirituales que acompañen sus razonamientos.

Nos dejan, narrador y narrado, vía libre para pensar lo que queramos de Miguel y de su banda, de las otras bandas y de los personajes que se mueven por todo ese mundo criminal, tan bien descrito, de la Barcelona de los setenta, cuando todavía las farmacias tenían jugosos y abundantes específicos psicoactivos con poco control, y en los bancos se encontraban disponibles abundantes sumas de dinero en efectivo. Y bonitas piedras en las joyerías. Demasiadas tentaciones para todos aquellos migueles de orígenes distintos pero aficiones comunes, cada vez más exigentes. Tanto, que después de Miguel, quizá desde dentro de Miguel, el otro gran protagonista de este libro sea el caballo.

Conocer a alguien que haya protagonizado las historias que aquí se nos cuentan, es de por sí bastante extraordinario. Pero su vida no acaba al final de este libro. Y a lo mejor, algún día, decide contarnos más.

Mientras tanto, hasta salir de dudas, el libro que tienes entre tus manos es pura dinamita. Disfrútalo y entenderás algunas cosas que por fin se cuentan como fueron y como suelen ser, desprovistas de falsos heroísmos y/o arrepentimientos. Como la vida misma, pero vivida al margen de toda norma establecida de buen comportamiento, a la vez que alejada de esos personajes psicóticos tan convenientes para algunas películas de Hollywood.
No te arrepentirás.


Algunas entrevistas con MIGUEL ÁNGEL SOTO MARTÍN

(Protagonista de la novela MI VIDA EN JUEGO )

 

 

Aqui os adelantamos alguna noticia de prensa, de las que podreis encontrar en el interior de la web oficial de la novela Mi vida en juego...

Noticia del PERIODICO DE CATALUNYA a Miguel Ánguel Soto Martín sobre su vida y la novela Mi vida en juego...

• Un gánster de Barcelona publica unas memorias en las que recuerda sus años como asaltante de bancos
• Se casó con una médica y cree en la reinserción

Por MAYKA NAVARRO

Ha hecho de todo para estar muerto. Pero hace nueve años eligió el camino más difícil: aprender a vivir. En los años 80 un policía le bautizó como el Millonario. Fue uno de los atracadores más prolífico de aquella época y ahora, a los 44 años, tras haber pasado 14 en la cárcel, puede decir en voz alta que está rehabilitado y que es feliz.
De momento, prefiere mantener oculta su verdadera identidad y utiliza la de Miguel Ángel Soto Martín para dar vida al primer volumen de sus memorias, la novela Mi vida en juego, las confesiones de un gánster de Barcelona escritas por Lluc Oliveras Jové para la editorial Belacqua.


Empezó robando a su padre. Alejado de la marginalidad que en los 70 amamantó las bandas de delincuentes de Barcelona, este atracador se crió en el seno de una familia bien. Eran un gánster ilustrado que sentía pasión por el rock and roll.
No se atreve ni a sumar el número de golpes que protagonizó. Pero fueron muchos más de los que en su día pudieron probar los policías del grupo de atracos. De un taller de joyería del Paral.lel, dedicado a engarzar brillantes para cupletistas y cabareteras, se llevó 240 millones de pesetas en piedras preciosas.
Con sólo 17 años empuñó su primera recortada y atracó su primer banco. "De no haber sido drogadicto, nunca me hubiera hecho delincuente".

Vivir a lo grande


"Me gustaba vivir a lo grande y cada vez necesitaba más y más dinero". En tres minutos entraba en un banco y salía con dos millones de pesetas. Así de fácil. Así de triste. "Eso sí que engancha". Después está la adrenalina que te mantiene vivo y poderoso. En su proceso de "reinserción" pesaron sus recursos internos. "Con la pistola en la mano era insuperable, el mejor. ¿Qué hay que hacer para seguir siendo invencible sin empuñar un arma? Yo encontré otros alicientes, pero solito, sin ayuda. El problema lo tienen los que no encuentran o no les ofrecen alternativas para no tener miedo a vivir como una persona normal. Esos no tienen más remedio, cuando salen, que seguir atracando".
Nunca ha matado. Sí disparó, pero asegura que sólo para defender su negocio ilegal y jamás contra un policía. En su dilatada trayectoria criminal tampoco ha protagonizado ni un solo atraco con lesiones a las víctimas. Fue detenido en tres ocasiones. Y las tres acabó en la Modelo. "Sobreviví gracias a la heroína. Así de duro. Aquello era el infierno, pero he borrado los capítulos malos de mi disco duro".
En el 89 le dijeron que le quedaba poco más de un año de vida. El VIH reinaba en cada una de sus células, a las que castigaba con más y más heroína inyectada con jeringuillas que compartían decenas de presos. "Cada pico era una nueva infección. Sigo sin explicarme cómo puedo estar vivo".

 

Adiós a las jeringuillas


Un día se levantó y pensó: "No soy el más listo, pero tampoco el más tonto. Sé que puedo vivir sin las drogas". Y dejó de pincharse.
En 1997 ingresó en una granja de rehabilitación de toxicómanos de Vilanova i la Geltrú. Desde allí acudió a un hospital de Barcelona en el que una doctora fue el primer médico que le examinó sin guantes de látex. Ese suave roce con la mano en su abdomen le devolvió a la vida. Después se casó con ella. Y con ella sigue.
"Los padres están condenados a querer a sus hijos. No tienen otro remedio. Y los míos siempre me han querido. Pero encontrar a alguien en el camino que, a pesar mi terrorífico historial, quiera estar a mi lado es maravilloso".
No hay ni una sola palabra que exprese arrepentimiento en sus memorias. Asegura que no podía ser tan malo entonces si, después de aquellos años de criminalidad, ha conseguido ser feliz. Cree firmemente en la rehabilitación. Pero sólo si uno quiere salir del infierno. Y aunque agradece la ayuda de todos aquellos profesionales con los que trabajó en la cárcel, asegura que el sistema no ayuda.

Con la misma dureza con la que atracaba, mantiene a raya el sida con el que está condenado a convivir para siempre. Trabaja en su propia empresa de actividades musicales y los hijos de sus amigos saben que fue un conocido atracador. No da miedo. Al contrario, desprende una inabarcable ternura.

Noticia las PROVINCIAS de Valencia a Miguel Ánguel Soto Martín sobre su vida y la novela Mi vida en juego...

TRANSGRESIÓN EN VENA
UN GÁNSTER REPASA SU VIDA EN VALENCIA

Por SANDRA QUINTERO

Un gángster visita valencia. Se cita con LAS PROVINCIAS en un pub roquero de Patraix. Yonqui, atracador de bancos y presidiario. Así es el pasado de Miguel Ángel Soto Martín, un ciudadano que hizo de la transgresión su droga. El libro ¨Mi vida en juego ¨, escrito por Lluc Oliveras Jovè que está promocionando, recoge la primera parte de su historia y excesos.


¨ Siempre he vivido al límite: en los noventa cogía una bols de cincuenta gramos de coca y me metía quince, y luego para bajar el efecto, una buena dosis de caballo. Era como ir buscando la muerte ¨. Así de claro y de crudo se expresa Miguel Ángel Soto Martín.
Su presencia física impone respecto. Un metro noventa de altura, más de cien kilos de peso, chupa de cuero y camiseta negra. Las patillas y el pelo, largos, perfil duro. Sus ojos tienen el brillo de quién está de vuelta de todo, y sin embargo, tiene mucho aún por vivir. Coetáneo y amigo personal de Loquillo, este gángster de Barcelona es el reflejo de toda una época. LAS PROVINCIAS se encuentra con él en un mítico local roquero del barrio de Patraix, Nueve tragos, aunque Miguel ya sólo bebe agua.

¨Este tipo de vida no se elige, ta va viniendo¨, explica Miguel Ángel Soto Martín con la gesticulación propia del pasado como politoxicómano. Su familia se benefició de la pujanza económica de los años 60 y, aunque él fue testigo de la constancia y el trabajo de sus padres, forjó su personalidad en la permisividad de unos familiares que sólo deseaban que su descendencia no pasara hambre. ¨ Yo soy una consecuencia de la clase media. Al entrar en el colegio de los Maristas descubrí el mundo de las marcas de ropa y con once años decidí que quería vivir como los ricos ¨.

Sus adicciones

Tres adicciones han marcado su vida: el dinero, las drogas y el ansia por transgredir. Se acostumbró al dinero fácil desde que por las noches, aún de pequeño, robaba mil pesetas del bolsillo de su padre. ¨ y esperé la bronca al día siguiente pero no llegó. Así, que supe que no contaba los billetes ¨. Con el dinero que hurtaba, acudía en taxi al instituto.

El sonido de una caja registradora resuena en la cabeza de un Miguel, aún adolescente. Por entonces, la droga era sólo parte de la diversión, pero este sonido le acerca a la idea que le obsesiona: ser millonario y despilfarrar en comodidades.

Son años de bandas callejeras y admiración por Bruce Lee. En la banda del Chino, Miguel debuta asaltando estancos y farmacias llenas de drogas ¨. En poco tiempo da el salto al atraco de bancos, lo que define como ¨adicción pura: me enganchó por completo la sensación de tener dos millones de pesetas ( 12.000 euros ) en mis manos en sólo 30 segundos. Llegué a atracar tres bancos en un día ¨. Sabía que le podían coger, pero se creía invencible. ¿ El mayor golpe ? ¨ A los 16 años, más de once kilos ( 66.000 euros ) que no tenía que compartir con nadie ¨.

Con esos atracos se financiaba fines de semana por todo lo alto con sus colegas en la costa catalana, sexo y mucha adrenalina. ¨ Esos eran mis valores y los seguí. Es cierto que ponía en peligro vidas humanas, pero las drogas hacen ver las cosas de otra forma ¨.
Por aquel entonces Miguel ya se picaba de todo por la vena y enjuagaba las jeringuillas en el agua entre las grietas entre los adoquines de Barcelona ¨, una ciudad desbordada por las novedades tras el final de la dictadura.

 

Lección de Vida

 

La cárcel Modelo de Barcelona es la palma de su mano. Los excesos le llevaron a prisión durante 14 años. Su recuerdo entre rejas es positivo: ¨ Dentro es más sencillo porque se conoce muy bien a todos, pero aquí fuera las personas se camuflan ¨.
Allí sólo leía libros de más de mil páginas. ¨Los clásicos ya no són ningún misterio para mi¨, resalta. Quizá, gracias a los grandes autores , Miguel reflexiona como un filósofo. ¨ La libertad no está en el movimiento físico sinó en el pensamiento, a mí nunca me han cortado las alas porqué en la cárcel he comido, he vivido, he tenido relaciones sexuales…como delincuente era consciente de que me tocaba estar allí ¨.

Pensó que no había venido al mundo para estar en prisión. Decidió ponerse a prueba para dejar la droga, y empezó el proceso de desintoxicación en el que ¨es imprescindible no querer dejarlo por terceras personas ¨. Encerrado en el centro de desintoxicación, pudo llamar a sus colegas y poder volver a transgredir lo establecido, pero se quedó mirando el cielo y se planteó un nuevo reto: aprender a vivir con el sudor de su frente.

Suena una canción de Loquillo. Son las 2.30 de la madrugada. La historia del gángster no tiene moralina pero tiene miga. Sus excesos de transgresión se pueden leer y devorar en la novela Mi vida en juego¨ escrita por su amigo Lluc Oliveras Jovè.


¿ SIDA ?. Enfermo está el que se lo cree¨

 

¨Para reinsertarte tienes que poner de tu parte, es decir, se crees que la sociedad es una mierda has de esforzarte por querer ver lo bueno, que siempre existe aunque no lo veamos ¨. Estas palabras son lo que es Miguel hoy en día, un rebelde innato que siempre sonríe y mira hacia delante. ¨ No cambiaría nada de mi vida porque no sería yo, pero entiendo que no soy un ejemplo para los jóvenes, porque soy una excepción. El 85 % de los que vivieron como yo están muertos¨.

Aún así todo le ha salido bien. La factura a pagar es la convivencia con el Sida: ¨Tengo una enfermedad crónica…¿y? ¨. La reacción sorprende, y aclara: ¨Enfermo está el que se lo cree ¨.

La novela Mi vida en juego ha resultado una terapia para analizar su pasado. Cuando dejó las drogas reflorecieron los valores que le inculcaron sus padres: ¨Cada mañana me troncho al despertar porque no tengo que meterme nada y soy feliz ¨.

A los 44 años vive de la empresa que ha puesto en marcha, relacionada con el mundo de la música. Su mujer fue una de las primeras que la ayudaron a salir de la droga y a la que asegura ser totalmente fiel.
Su vida es el ejemplo de que cualquier persona de cualquier clase social puede llegar a ser un delincuente, pero su mensaje es claro: ¨ Sigue para adelante con el corazón y saldrás de la oscuridad¨. Su brazo izquierdo luce tatuado el nombre de este libro. ¨No hay que poner la vida en juego, pero es como una rueda de la fortuna y hay que jugar, no puedes quedarte mirando, hay que vivirla ¨.


Noticia del PERIODICO LA RAZÓN a Miguel Ánguel Soto Martín sobre su vida y la novela Mi vida en juego...

Miguel Ángel Soto, ex gánster y ex atracador: «Atracar era un subidón»

por DAVID BARBA

-Fue gánster, atracador...
-Fui delincuente profesional durante la etapa más movida de mi existencia. Ahora estoy completamente reinsertado.
-¿Qué hace falta para ser delincuente?
-En determinadas circunstancias, muy poco. Cualquiera podría serlo: usted, su vecino... Yo ni siquiera venía de una familia marginal. Éramos de clase media. Comencé a robar desde muy pequeño, por afición y sin darme cuenta de lo que implicaba.
-Poco a poco pasó a mayores...
-Primero fueron unos billetes de la cartera de mi padre, aunque eso no lo consideraba robar. Después, unas pistolas de contrabando. Un día probé la heroína y ya no hubo vuelta atrás.
-¿Robaba para pagarse la dosis?
-Las drogas son caras y sólo hay dos formas de ser yonqui: una, estar tirado en la calle, muerto de hambre. La otra consiste en atracar bancos, que es donde está siempre el dinero.
-¿Y cómo se roba un banco?
-Hay que tener cierta sangre fría. Jugaba con el miedo de la gente: sabes que te tienes que imponer y llevar a todo el mundo a que haga lo que deseas.
-Debía de estar enganchado a esa adrenalina.
-Es difícil explicar las sensaciones de un atraco: atracar era para mí un subidón. También hay una parte de miedo, por supuesto, pero ante todo se trata de una extraña sensación de poder.
-¿Cuál fue su mayor golpe?
-Un atraco a una joyería de la que me llevé 240 millones de pesetas. La verdad es que atraqué muchas veces. Cuando la Policía me capturó, yo pensaba: «Me comeré cuatro años de cárcel, pero en realidad me tendrían que caer muchos más». Asumiéndolo así, las rejas se soportan mejor.
-¿Cómo logró desengancharse de la pistola?
-He pasado catorce años en la cárcel. Llegó un momento en que me dije: «Esto no es para mí». Para empezar, tuve que alejarme de las drogas.
-¿Echa de menos esa vida al límite?
-No. Me llena la vida que llevo. La última vez me cayó una condena de 32 años de cárcel, que he conseguido rebajar a base de trabajo en la prisión. Ahí dentro conseguí dejar la heroína y mi vida cambió. Mis valores comenzaron a transformarse. Los psicólogos de la prisión me ayudaron mucho.
-¿Y qué me dice de sus víctimas?
-Los mismos atracados intercedían por mí en los juicios: todos coincidían en que yo intentaba tranquilizarlos, en que nunca los maltraté ni les hice sentir que estaban delante de alguien que iba a poner en riesgo sus vidas.
Reinserción. -Viéndole a usted, se diría que es fácil reinsertarse.
-Pues no lo es. El sistema no te ayuda. Sólo cuentas con los psicólogos y los trabajadores sociales. Reinsertarse es algo que los presos hacen para obtener permisos. Pero yo me dije: «Quiero vivir ahí afuera, tener una familia». La única reinserción auténtica es la que decide el preso.
-¿Está seguro de que no volverá a atracar?
-Segurísimo. Ahora soy empresario musical. Me gusta mi vida. Me emocionan las cosas que hago. Además, al dinero le doy una importancia relativa: después de haber sido «El millonario», ¿de qué me sirve ser rico?

La Policía le bautizó como «El millonario». Procedía de una familia de clase media, sin problemas económicos. Pero la adrenalina de la pistola en la mano le llevó a cometer su primer atraco cuando aún era muy joven. Después de pasar muchos años en prisión, Miguel Ángel Soto Marín (Barcelona, 1962) consiguió dejar la heroína y reinsertarse. El periodista Lluc Oliveras Jovè narra sus años en el libro Mi vida en juego (editorial Belaqua). Atrás queda una vida como gánster, desvalijador y maleante en la Barcelona de los 70 y 80: una época dura que la ciudad ha preferido olvidar.